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jueves, 16 de diciembre de 2010

Las relaciones obscenas

Vista la reacción de la Vicepresidenta Salgado al informe de Moody´s sobre las perspectivas de la economía española, habría que empezar a considerar la posibilidad de cambiar la denominación de su cargo por otra más puramente descriptiva de su actividad, algo así como Ministra de Relaciones con las Agencias de Calificación, aunque como esa es sólo una de las relaciones genuflexas que mantienen la Vicepresidenta en particular y el Gobierno en general con las instituciones públicas o privadas, físicas o etéreas que ellos identifican con los sacrosantos mercados y los demás simplemente consideramos iconos de neoliberalismo y teniendo encuenta que conviene en lo posible evitar la sinécdoque, habría que ampliar el campo de acción del término para incluir al todo y no sólo a la parte de forma que su vicepresidencia debiera pasar a llamarse simplemente Ministerio de Relaciones Obscenas. Y eso siendo generosos, porque si obscena es la contemplación de la sumisión de un gobierno democrático a entidades privadas reconocidamente tendenciosas e incompetentes (conviene no olvidar que el 80% de las entidades que se dedicaban a las hipotecas subprime tenían la calificación de triple A por parte de Moody´s), cuando los reproches que dirigen a un Estado soberano se fundamentan en cosas como que no se han tomado iniciativas para reducir el gasto en Educación y Sanidad pasan de ser obscenas a pornográficas. Ante semejante infamia no había otra opción que sacar pecho, no había más reacción posible que decirle a la agencia y a quien quisiera oírlo que efectivamente la Sanidad y la Educación universales, gratuitas, públicas y de calidad son las señas de identidad irrenunciables de nuestro Estado soberano y que harían bien los señores calificadores en alabarlo o guardar un respetuoso silencio, porque no es una cuestión de números, sino de principios, es el modelo de país que los ciudadanos que formamos parte de él hemos decidido que queremos.

jueves, 29 de abril de 2010

Lo que cubre un velo y lo que deja al descubierto

Hay varias consideraciones interesantes que hacer sobre la cíclica polémica sobre el velo islámico en las escuelas que estos días cobra de nuevo actualidad. La laicidad del Estado es para mi una idea irrenunciable y un pilar fundamental de lo que debe ser un estado democrático, el problema es cómo articular esa laicidad respetando los derechos de los ciudadanos porque laicidad debe significar respeto a las creencias de todos los ciudadanos por igual por encima de cualquier otra consideración, o, dicho de otra forma, son las instituciones públicas las que deben ser laicas, no los ciudadanos que, en el ejercicio de sus derechos, hacen uso de ellas. Sorprende que en un país tan poco laico como el nuestro haya quien invoque este concepto y lo haga precisamente para restringir los derechos de una minoría, religiosa en este caso, porque antes de erigirse en adalides de la laicidad deben nuestras instituciones públicas recorrer aun un camino muy largo, de modo que restringir el acceso a la educación de una ciudadana de nuestro país (y digo en nuestro país, no en Francia o en Turquía donde la laicidad sí está instaurada y sí se practica por igual independientemente de la confesión o creencias de sus ciudadanos) porque voluntaria y libremente decida llevar una hiyab (que deja la cara al descubierto por lo que tampoco se deben invocar principios de seguridad ni de identificación) no es laicidad, sino discriminación.
Sin embargo, no es esa la reflexión fundamental que me suscita este tema, los modelos francés o turco de laicidad estatal me parecen perfectamente legítimos aunque no ideales (y desde luego aplicables sólo si es en todo el territorio), para mi lo verdaderamente grave e inconcebible de esta situación es que una cuestión como ésta pueda no estar regulada por una ley y pueda ser dejada al libre arbitrio de los Consejos Escolares de cada centro. Tanto que nos quejamos de las desigualdades entre ciudadanos de diferentes Comunidades Autónomas y aceptamos que puedan existir desigualdades no menos llamativas entre alumnos de centros escolares que distan unas calles entre sí. Hágase lo que se considere justo, permítase o prohíbase, pero a todo el mundo y en todas partes.
Finalmente, respetando las opiniones de todo el mundo en este tema lo que sonroja no es sólo que un consejo escolar pueda optar por una opción y otro por otra diferente, lo que debería ser censurado y, en su caso, perseguido por la ley, es que un centro pueda cambiar su reglamento no en función de una situación general sino para evitar una situación particular, que se pueda cambiar el reglamento de un centro ad hominem, específicamente para evitar que una alumna concreta con nombre y apellidos (y velo) se matricule en el mismo. Y a mitad de curso. Las opiniones son todas respetables, la hipocresía y la mezquindad no.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

De haberlo sabido

Ayer escuché tres diferentes informaciones acerca del anuncio de la presidenta de la Comunidad de Madrid de dotar a los profesores del rango de autoridad para solventar el déficit de esta que sufren los docentes en las aulas (algo aparentemente bastante razonable), una, la primera, fue el anuncio por parte de esta de la ley que a tal fin están desarrollando en la Comunidad de Madrid, la segunda la intervención del portavoz del PSOE en el Congreso en el sentido de que es éste y no ninguna comunidad autónoma quien tiene competencias para tal fin y la tercera una nota de la fiscalía puntualizando que en realidad desde el año 2008 se trata todo delito de agresión contra los maestros como un atentado a la autoridad. Hubo una cuarta que me llamó la atención, del Ministro de Educación, pero visto lo visto mejor dejo el comentario para cuando hable de hortofloricultura, que parece un campo más apropiado para argumentos tan netamente flower power como los del señor Ministro.
Es decir, que con cierta inclinación pesimista y sin hacer un esfuerzo excesivo podríamos concluir que unos, guiados de su antológica predisposición por los brindis al sol, hacen leyes sobre aquello que no tienen competencias, otros están más preocupados de proclamar su competencia sobre los asuntos que de solucionar los problemas acuciantes en los mismos y los terceros aparentemente pueden funcionar sin disposiciones legales que los respalden.
Parece mentira que estos tiempos tan predispuestos a publicitar hasta la sobredimensión cualquier referendum ilusorio no supiéramos nada de aquel que debió realizarse para sustituir la constitución y el ordenamiento legal por el coño de la Bernarda, porque visto el desbarajuste actual en algún momento hubo de llevarse a cabo. Y es una lástima, porque de haberme enterado me habría gustado votar que no, pero ahora ya no parece tener remedio.

martes, 8 de septiembre de 2009

Pozuelo

La algarada incívica en que devinieron las fiestas patronales de Pozuelo no habría estado completa sin la aparición en los medios de expertos que la explicasen como la consecuencia de la ausencia de políticas y ofertas de ocio públicas, algo que ya se sabía que dirían independientemente de que sea cierto o no porque es una especie de mantra con el que tranquilizar sus bienpensantes conciencias. Lo cierto es que a un observador medianamente objetivo no le costará mucho trabajo darse cuenta que la oferta de ocio de un joven de hoy día es infinitamente superior a la que él gozó a esa edad, sea cual sea la que tenga en la actualidad, de modo que por ese lado, como por cualquier otro, es difícilmente justificable la actitud de esa minoría de vándalos. No resulta menos ridículo buscar el origen de estas actitudes en razones soioeconómicas, por no hablar del maquillaje cultural que en ocasiones se pretende aplicar al botellón, así que habrá que concluir, como muchos comentaristas han hecho, que efectivamente es una consecuencia de un fracaso clamoroso en la educación, pero en este caso tengo muy claro que no son las instituciones educativas las responsables (ni de esto ni de la famosa crisis de autoridad que padecen), sino las familias, las mismas que se oponen a que en las escuelas se enseñe a los niños una serie de conceptos básicos de convivencia y civismo porque los consideran adoctrinamiento y una intromisión en su sacrosanto papel de padres y educadores que, sin embargo, no ejercen (los que no lo hacen, que también son, esperemos, una minoría). Llama especialmente la atención la intervención en este sentido del Ministro de Educación hablando de la oferta cultural que los municipios deben ofrecer a los jóvenes y de su seguimiento (lo cual es cierto, que duda cabe), porque cuando era Rector de la Autónoma parecía tener menos remilgos para tratar con el vandalismo y no le dolió en prendas prohibir, por ejemplo, la fiesta de la primavera que se celebraba en su campus porque una minoría de jóvenes protagonizaba no pocos actos entre incívicos y delictivos.

miércoles, 13 de mayo de 2009

La paradoja de la educación o cómo equivocarse acertando

La mayor equivocación, y la más peligrosa por cierto, de la filosofía que inspira a muchos de los defensores de la nueva educación preconizada por Bolonia es la prevalencia de las herramientas sobre quien debe utilizarlas y de las habilidades sobre los conocimientos. Es importante que tanto docentes como discentes cuenten con las mejores herramientas tecnológicas y con conocimientos para usarlas, pero no dejan de ser una herramienta más y no la más importante. Lo que no es de recibo es empezar la casa por el tejado y pretender que los problemas de la educación se arreglan con ordenadores, pizarras digitales o redes sociales aplicadas a la educación. Todo ello puede ser muy útil, y es sin duda una buena noticia que se invierta en ello, pero la ecuación mala educación+tecnología no da como resultado una buena educación, y mucho menos la de excelencia que necesita nuestro país. La educación debe ser transmisión de conocimiento y de valores, entre los que sin duda destacan el esfuerzo y el mérito, y los docentes, para desarrolar su labor, antes que alumnos informatizados, necesitan planes de estudios coherentes, respeto a su autoridad, una carrera estructurada, posibilidad de actualizarse, etc. Está muy bien que las nuevas generaciones escolares vayan a tener la oportunidad de acceder a toda la información que almacena internet, pero estaría mucho mejor que, ademas, fuesen capaces de comprenderla.
Y todo ello sin entrar en una cuestión que no es en absoluto baladí: qué software llevarán instalados esos ordenadores (apuesto a que no es software libre) y los permisos de que gozarán los usuarios.
La medida como tal es positiva y por tanto no la critico, pero como síntoma sí que es preocupante ya que si no se acompaña de las medidas y del consenso que tanto necesita nuestra educación, será un brindis al sol más, aunque eso sí, será un brindis 2.0.