lunes, 26 de enero de 2009

Latín

El planteamiento periodístico en virtud al cual se titula que se ha revocado la excomunión a un obispo que niega el holocausto, podría llevar al error de creer que fue excomulgado por haberlo negado, cuando nada hay más lejos de la realidad, para Juan Pablo II negar la evidencia de los 6 millones de muertos y la cámara de gas no tuvo el menor peso en su decisión, como no lo ha tenido ahora en Benedicto XVI para revocarla. Dar las misas en latín y ser fiel a la tradición de la liturgia, no aceptar el concilio Vaticano II, sí. Es de un valor pedagógico impagable que, mediante decisiones como esta, la curia vaticana muestre al mundo clara y descarnadamente su sistema de valores, y no estará de más que la próxima vez que la iglesia católica trate de presentarse a la sociedad como garante del derecho a la vida, alguien le recuerde su indigno comportamiento en el caso de este obispo.
En otro orden de cosas, en una larga entrevista concedida este fin de semana por Esperanza Aguirre al periódico ABC, esgrimía como argumento supuestamente exculpatorio en relación a las informaciones sobre supuestos espionajes a líderes políticos en la Comunidad de Madrid, la máxima latina cui prodest. En una reducción simplista intelectualmente indigna, supone la Presidenta que el culpable debe ser necesariamente aquel a quien beneficia el caso, y digo yo, puestos a aceptar como válido el razonamiento, ¿no sería más lógico preguntarse a quién beneficiaba la trama que a quién beneficia su difusión? Porque si alguien urdió semejante trama, podemos dar por supuesto que su difusión en los medios no entraba en sus planes. Así que mejor seamos serios y respetemos la presunción de inocencia de todos los probables implicados y dejemos que la justicia actúe sin tratar de obtener reditos políticos, si según la Presidenta es inaceptable que se acuse a su gobierno sin pruebas, que lo es, ¿como de inaceptable no será culpar a la oposición sin más prueba que el cui prodest?, por muy pintón que quede soltar expresiones latinas en una entrevista.

viernes, 23 de enero de 2009

Madrid espía, o el realismo paranoide

Parece que Madrid va a ser uno de los pocos lugares del mundo donde se cumpla esa máxima de película de Hollywood según la cual la paranoia no es más que un estado de ánimo de especial percepción, "si piensas que alguien te espía es porque alguien te espía", creo recordar que decía Mel Gibson en una de esas películas de antihéroes solitarios que con la ayuda de la chica (Julia Roberts) triunfan sobre el mal tan del gusto de aquel país. Conspiración, creo que se llamaba. Eso queda bien en según que películas y dice mucho de la idiosincrasia del estadounidense medio, pero era algo inédito en nuestro país hasta que esta película patria con guión de serie b pero taquillazo de superproducción se estrenó en la Comunidad que preside Esperanza Aguirre, donde se instala el estado de opinión según el cual todos espían a todos y aquel de quien no circule un dossier no es nadie a tener en cuenta. Si es usted político, milita en el PP y está radicado en la capital de España, le aconsejo que encargue usted mismo su propio dossier sobre su persona y, posteriormente, lo filtre, de lo contrario nadie le tomará en serio.
Sobre el caso en sí mismo habrá tiempo de opinar cuando se sepan cosas en firme, pero hay algo extrajudicial digno de comentario, la facilidad con que los diferentes líderes políticos, implicados directamente o no, se han lanzado a sus respectivas yugulares, preventivamente podríamos decir, Gallardón contra la de Aguirre y viceversa, González contra Gallardón, Pons contra el Ministerio del Interior (¿?), Zapatero contra Génova, Rajoy contra... esto no lo sabría decir muy bien, ¿qué es lo que ha dicho Rajoy exactamente? ¿Que habría pasado si en lugar de estas informaciones plagadas de claroscuros y sobrentendidos se hubiese publicado algo con cierta enjundia probatoria contra alguien concreto? ¿Cómo de grandilocuentes habrían sido entonces las declaraciones de nuestros insignes líderes? Porque hasta ahora sabemos a ciencia cierta que se ha cometido algún delito, pero es difícil saber concretamente quien o quienes son los responsables.
Obama dijo en su discurso de investidura algo digno de todo aplauso, una única frase que destruía toda la herencia política de su antecesor con elegancia y sencillez, "rechazamos como falso que haya que elegir entre nuestra seguridad y nuestros ideales". Eso es lo exigible a un político democrático en pleno siglo XXI, y es triste comprobar como aquí hay quien sacrifica sin dudar nuestros ideales democráticos, empezando por la presunción de inocencia, ese derecho cuya presencia en política podría calificarse de espectral (existe como un rumor que todos han oido, pero prácticamente nadie parece ser capaz de verla), no en el altar de la seguridad, sino en el de sus propios intereses personales y/o tribales.
El caso del espionaje probablemente será muy grave cuando se sepa de lo que hablamos, el lamentable espectáculo de declaraciones todos contra todos que estamos viviendo ya lo es.

jueves, 22 de enero de 2009

Dos miradas

En primer lugar debo pedir disculpas por ceder a un acaloramiento momentaneo y anunciar el cierre del blog sin haberlo meditado suficientemente. Estar desencantado de la política no es motivo suficiente para dejar de participar, aunque sea tangencialmente, en ella, sino que más bien debería suponer un incentivo. Hay que intentar cambiar lo que no gusta, en lugar de indignarse en silencio.
Y dicho esto, quisiera volver sobre alguno de los temas llamativos que aparecen estos días en prensa, como es el extraño caso de espionaje en la Comunidad de Madrid. La primera mirada sobre este tema me lleva a retomar lo último que dije sobre él, porque no deja de ser curioso que ante dos informaciones sucesivas aparecidas en un mismo periódico, para la Presidenta de la Comunidad la primera no goce de ningún crédito precisamente por venir de ese medio y sin embargo la segunda goza de tanto como que se solicita inmediatamente la intervención de la fiscalia. ¿No habíamos quedado que no había que prestar atención a lo que ese periódico publicara? ¿Por qué habríamos de dar crédito a una información sí y a otra no, a conveniencia del Gobierno de la Comunidad?
Ahora bien, ningún análisis sobre este tema estaría completo sin una segunda mirada dirigida en esta ocasión no sobre los actores principales de este caso, sino sobre la forma en que las está publicando el periódico en cuestión. En primer lugar publica una información sobre una supuesta red de espionaje creada por Francisco Granados fundamentalmente para investigar escándalos de corrupción, con lo que se crea un cierto estado de opinión según el cual los investigados deben ser sospechosos de comportamientos deshonestos. Sin embargo en días sucesivos se publican seguimientos a diferentes integrantes del Gobierno de la Comunidad y del Ayuntamiento, y en ningún momento se dice que Granados sea el responsable, pero la sibilina forma de publicar ambas noticias deja en el subconsciente la posibilidad de que sea así. Además, es interesante el caso de Ignacio González porque la noticia se centra en el espionaje y de forma tangencial se deja caer que de los informes de seguimiento se podría desprender alguna duda sobre la honorabilidad del sujeto investigado, es decir, se intenta sembrar la semilla de una duda pero sin sembrarla directamente, sino lanzandola descuidadamente al viento a ver si hay suerte y cae en el lugar apropiado. No me cabe ninguna duda de que si el diario tuviese la menor sospecha de corrupción o deshonestidad del Vicepresidente lo anunciaría con fanfarrias y clarines, no de esta forma, por tanto cabe preguntarse hasta que punto es necesario, o mejor, ético, difundir el contenido de unos informes de origen tan discutible como oscuro cuando la noticia no es el contenido, sino su existencia. Cuando existe un comportamiento delictivo en el que cabe hablar de delincuente y de víctima, no es de recibo trasladar veladamente la deshonestidad a la víctima.
En el tercer capítulo, el espiado era Manuel Cobo, el Vicealcalde de Madrid, y aquí el periódico se tira directamente a la piscina titulando que el gobierno de Aguirre espió a Cobo. Y hoy, el cuarto capítulo, al exconsejero de Justicia que parecía ser afín a la dirección nacional de su partido, no a la autonómica. Es decir, una vez que se logra que la Presidenta trate el tema del espionaje, lo condene e inste a su investigación, se publican otros casos en los que se la presenta a ella o a sus subordinados como responsables. Sin duda cuando lo expone así tendrá indicios suficientes como para poder demostrar la afirmación si llegado el caso fuera necesario, nada que objetar si es así, pero de nuevo no es en el contenido, sino en los tiempos en lo que es discutible la actuación del periódico. Aparentemente no puede demostrar que fue Granados quien encargó el seguimiento a González y trata de que lo pensemos sin decirlo explicitamente emparedándolo entre casos que sí atribuye a la Comunidad, obteniendo de paso la impagable declaración de inadmisibilidad de estas prácticas por parte de aquella a quien después se le van a imputar, lo cual, por decirlo de forma clara, viene siendo un gol por la escuadra.
Decir que el proceder de El País en este caso está siendo poco elegante es obligado, como lo es exigir que se investigue a fondo el caso porque de confirmarse que desde la Comunidad se utilizaron fondos públicos para fines personales o partidistas y, además, para la comisión de delitos, sería gravísimo. Lo uno no quita lo otro.
Lo fundamental, desde luego, es que se esclarezcan las responsabilidades del delito, es decir, del espionaje, pero creo que también era interesante reflexionar un momento sobre el papel del periódico por la sencilla razón de que no deberíamos los ciudadanos consentir que se instrumentalizara políticamente nuestra legítima indignación. No pagamos impuestos para que con ellos se cometan delitos (si es que ha sido así), pero tampoco compramos periódicos para que nos manipulen (aunque eso es así a diario).

miércoles, 21 de enero de 2009

El abono estéril de la tercera España

Es difícil no sentir una cierta envidia de la imagen de unidad que se pudo contemplar ayer en la toma de posesión de Obama, da la sensación de que pudiendo existir oposición a cualquier decisión, como es lógico, no la hay a la institución, y sea éste duro o no, el lógico ejercicio de la oposición no parece, y hablo desde la distancia y desde un cierto desconocimiento, derivar en deslealtad más que en pequeños grupos residuales. Y si hablo de envidia es porque entiendo que en España ocurre algo diametralmente opuesto, el drama de nuestra clase política es que, teniendo como tenían entre los principales objetivos de la etapa democrática lograr la superación del cliché de las dos Españas, a día de hoy no sólo la polarización es tal que ambas gozan de muy buena salud, sino que en lugar de superar la división han conseguido la creación de una tercera España que avanza a un ritmo formidable y cuyas filas las engrosan los desencantados de la política en la misma medida que antisistemas y apolíticos variados. Esta tercera España podría muy bien ser el germen de la tan traída y llevada como necesaria revolución ciudadana, pero más bien es tierra abonada para el enraizamiento de populismos y falsos transversales con el ansia de poder como único principio.
Personalmente, hace tiempo que inicié el camino del alejamiento de la política, si bien intenté huir de él a través del luminoso destello de la aparición de Ciudadanos en el que creí ver la luz al final del túnel del desencanto, aunque ahora me parezca que el destello más bien provenía del último clavo ardiendo al que me así fugazmente y que ahora, para qué mentir, percibo un poco frío. Ha sido un experimento tan interesante como ilusionante y me resisto a pensar que al final pueda quedar en nada, pero hoy por hoy en lugar de liderar a esa tercera España encarnando cuanto de bueno hay en ella, languidece por culpa de batallas entre facciones, familias y quintas columnas empeñadas en tomar el control aun a costa de controlar a la postre un cadáver.
Mi actividad política residual se limitaba a mantener este blog. Me impuse la obligación de aportar textos a diario para iniciar a mi manera si no una cruzada al menos una batalla contra el sectarismo, y he tratado de mantenerme tal vez no ecuánime, porque un cierto grado de subjetividad es imposible de evitar, pero al menos no tendencioso y siempre argumentando mis opiniones. No parece que lo haya logrado, de modo que este blog también deja de tener sentido, así que ha llegado el momento de culminar el alejamiento personal de la política, de llevar mi peregrinaje a puerto y cerrar esta bitácora o al menos abrir un periodo de reflexión para ver si merece la pena continuar con ella. Tengo claro que si no aporta, aunque sea a un reducido número de personas, lo que pretendo transmitir con ella, desde luego no tiene ningún sentido mantenerla.
Agradezco a cuantos os habéis asomado cada día por aquí vuestro tiempo, vuestros comentarios y vuestra fidelidad, tal vez volvamos a encontrarnos en un futuro. Ojalá sea así.

martes, 20 de enero de 2009

Aguirre en El País de las maravillas

La respuesta de Esperanza Aguirre a los periodistas que le preguntaron por la supuesta trama de espionaje que habría organizado su consejero Francisco Granados, sobre la que por prudencia y sobre todo por respeto a la presunción de inocencia (lo cual no consiste en decir que es culpable pero sólo indirectamente o en voz baja, sino en considerarle inocente a todos los efectos) no conviene pronunciarse hasta que se sepa algo en firme, no deja de ser sintomática de la concepción extremadamente sectaria que tiene la Presidenta de la vida política. No tuvo más comentario que el hecho, público y notorio por otro lado, que esa información provenía del diario El País, por tanto no es necesario tomarse la molestia de desmentirlas siquiera, si provienen de tal fuente deben ser necesariamente falsas, según ella. Además, es curioso el argumento según el cual cuando El País tiene un problema, distrae la atención atacando al PP o al Gobierno de Madrid, no porque no sea cierto sino porque ¿desde que punto de vista se puede sostener que es un problema para un periódico publicar una entrevista con un ministro en la que éste deja jugosísimas declaraciones? ¿No se alegran los periódicos de lograr exclusivas? Pero la realidad, como tantas otras cosas, no deja de ser un detalle superfluo en la actividad política de Aguirre, ella vive en una realidad paralela en la que todo el que sea sospechoso de izquierdista o bien de derechista sin pedigree liberal no tiene no ya el beneficio de la duda, sino el derecho a ser tomado en cuenta. La fe ciega en la posesión de la verdad absoluta es lo que tiene. Es más cómodo y además cura en salud en previsión de futuras secuelas descalificar una información por quien la dice y no por lo que dice, hablar de la fuente para no hablar de la noticia. No habría estado de más que la presidenta hubiera dicho que nadie de su Gobierno ha hecho ni hará jamás algo como lo planteado, que además es condenable por antidemocrático, pero ha preferido atacar al mensajero antes que defender su propia honestidad, dando cancha innecesariamente a quien desee dudar de ella. Francamente, no lo entiendo, o mejor dicho, es fácil de entender aunque la explicación no sea edificante, pero en cualquier caso está a tiempo de rectificar y decir públicamente algo tan sencillo como "es mentira". Y demostrarlo, claro está.

lunes, 19 de enero de 2009

El embalse y Cajamadrid

Vasili Grossman señalaba en "Todo fluye", en referencia a su país, la "atroz sencillez" con que éste "devora a sus hijos". España en esto no le va a la zaga a su patria rusa, tenemos una cierta facilidad para pasar a nuestros personajes públicos directamente de los altares al desván sin más desvío ni parada que la vituperación y el insulto. Tenía previsto dedicar unas palabras a defender la libertad de Soraya Saenz de Santamaría a posar como le viniera en gana, pero visto el cariz tabernario de algunas de las críticas que la portavoz ha recibido por parte de los guardianes del tarro de las esencias ultramontanas (a destacar a los inefables Pío Moa y César Vidal), que han situado este debate que nunca debería haber existido muy por debajo de la dignidad de cualquier persona bien nacida, creo que es mucho mejor dedicar mis esfuerzos a algún otro tema.
Se me ocurre que ese otro tema, para que la entrada goce de una cierta continuidad, bien podría ser el anuncio de Tomás Gómez de abrir expediente a los consejeros de Cajamadrid que fueron nombrados a propuesta de su partido y no han respetado una disciplina de voto que a todas luces no estaban obligados a respetar, algo que se reconoció desde el propio PSM al decir que se hacía saber a los consejeros la opinión del partido, pero en modo alguno se les ordenaba nada en relación al sentido de su voto. ¿Y porqué dos temas tan diferentes están relacionados? Pues porque en ambos hablamos de las mismas dos cosas: hipocresía y falta de libertad, entendida en el segundo caso como ausencia de democracia interna, el principal mal que aqueja a la práctica totalidad de los partidos políticos. Por continuar citando a Grossman, éste decía que "hay una fuerza satánica en prohibir, en reprimir. Apresada por el dique el agua de los ríos y de los torrentes, manifiesta una fuerza misteriosa, oscura. Esta fuerza oscura escondida en el chapoteo amable, en los reflejos de los rayos de sol, en la oscilación de los nenúfares, de repente descubre la maldad implacable del agua, que destruye las piedras e imulsa las aspas de la turbina a una velocidad de locura". Esa es la impresión que uno tiene cuando observa a los grandes partidos, cuando no pasa nada se ve en ellos la calma inquietante de los embalses, como mirar un cuadro de Hopper en el que todo parece apacible pero sin saber porqué se tiene la seguridad de que algo turbio hay detrás, y cuando esa calma se rompe por cualquier motivo, el agua desata su poder destructor arrasando con cuanto encuentra a su paso. El interés público en primer lugar. La ausencia de democracia interna es el dique que los partidos poner a la libertad individual de sus militantes, los dirigentes no quieren personas brillantes que piensen por sí mismas, sino peones que disciplinadamente aprieten el botón que se les diga en cada caso y sin más capacidad intelectual que la de ser capaces de interpretar la señal que en todo momento se les haga para saber si decir sí o decir no. Ayer vi en un documental sobre Arabia Saudí que habían sustituido a los jockeys de las carreras de camellos (niños, tradicionalmente) por unos ingenios mecánicos que, accionados a distancia, usaban la fusta cuando el jeque de turno, que seguía la carrera desde su todoterreno en una pista paralela a la de la carrera, así lo estimaba oportuno. Propongo a los señores Rajoy y Zapatero (fundamentalmente, pero desde luego no sólo a ellos) que se interesen por la patente porque a lo mejor el invento es fácil de adaptar y pueden sustituir a los diputados , a los consejeros, a los concejales y, visto lo visto incluso a los ministros por ingenios mecánimos que hagan lo que ellos desean sin margen posible de error.
Sin embargo, aunque esta apertura de expediente es una nueva manifestación de un mal endémico de nuestros partidos, no por repetido y esperable menos grave, lo verdaderamente llamativo es hasta qué punto los partidos politizan todo aquello que tocan hasta convertirlo en una simple faceta de la batalla partidista, aunque en este caso podría denominarse batalla tribal ya que ésta no se plantea entre partidos diferentes, sino entre familias del mismo partido. Si es cierto que Rajoy demuestra su escaso liderazgo, más grave es el espectáculo de irresponsabilidad que protagonizan Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón con cualquier excusa, y si con ello desestabilizan una entidad tan importante como Cajamadrid, lo dan por bien empleado porque todo, absolutamente todo, es sacrificable en aras a lograr cien gramos más de poder que el otro. Es lamentable comprobar una vez más que todos somos peones para determinados políticos, pero es especialmente aterrador comprobar la impasible frialdad y la irresponsabilidad de quienes nos manejan a su antojo.

viernes, 16 de enero de 2009

Los cinco millones

Ayer, en el programa Asuntos Propios de RNE, escuche a don Juan Carlos Rodríguez Ibarra, alguien con quien tengo la sana costumbre de no acostumbrar a coincidir al menos en la forma, decir algo que debo compartir y, consecuentemente, contribuir por modestamente que sea a su difusión. Decía el expresidente extremeño que comenzaba a irritarle que le preguntaran tanto por el conflicto de Gaza, que contaba a la hora del programa con unas mil víctimas, hoy más, cuando había otros como el del Congo que ya contaba con 5 millones de ellas y sin embargo permanecía en un discreto segundo plano de la actualidad informativa.

5 millones de víctimas.